Agafia, la abuela que resiste en la siberia

Nacida en el bosque, fugitiva de Stalin, ahora tesoro nacional

Agafia, la "babuska" rusa que resiste en Siberia (foto: ANSA)
11:41, 05 dicZAIMKA LIKOVIKHPor el enviado Mattia Bernardo Bagnoli

(ANSA) - ZAIMKA LIKOVIKH, 05 DIC - Qué vida es la vida de alguien que huye?, una pregunta que tendría que tener respuesta en Karp Likov, el padre de Agafia, el hombre que en 1936 decidió abandonar la vida civilizada y refugiarse en la hostil y gélida Siberia para proteger "su" versión de religión, esa de los "viejos creyentes", llevándose consigo a toda la familia.
    Una secta, se ha dicho y escrito. Agafia -la hija de esa familia- tiene ahora 77 años, todavía vive donde nació, en esa roca colocada frente al río, rodeada por la taiga siberiana ( bosque boreal), a casi tres horas de distancia en helicóptero de la primera ciudad digna de ese nombre, Abakan, en Rusia.
    De cuando se encontraron a los Likov, en 1978, pasó una era geológica. La URSS se ha desintegrado y Agafia ha estado sola desde 1988: padre madre y hermanos, todos muertos.
    Pero ahora da la sensación de que se ha convertido en otra cosa: un monumento. Y conocerla es verdaderamente un privilegio.
    "Ah, eres italiano, no he visto uno en al menos 30 años", desliza a este enviado. Agafia habla en voz baja, un ruso muy parecido a un canto fúnebre, con dientes faltantes, manos deshechas y negras (no usa jabón, solo agua), el pañuelo atado en la cabeza como una tradición.
    No hay forma de saber más sobre este antiguo italiano a quien menciona, quién era, de dónde venía. Su mente ya está en algún otro lugar. Agafia sabe conseguir lo que quiere y solo responde a lo que quiere. El resto lo pasa por alto.
    Y por su condición de religiosa, no sería extraño que un día la hicieran santa. Sería una santa moderna para una Rusia contemporánea.
    Papá Karp huyó para evitar la persecución estalinista hacia los antiguos creyentes, la rama integralista de la ortodoxia que no acepta la reforma implementada por el patriarca Nikon en 1653-1656. Agafia en particular es parte de esa facción de los "principiantes". Y esta creencia implica una serie de limitaciones como una estricta dieta y el estilo de vida en general.
    Hasta que los Likov fueron encontrados por un grupo de geólogos soviéticos en busca de gas, Agafia, estuvo inmersa en un universo hecho de oración, libros sagrados, reglas estrictas y vida familiar: dos hermanos y una hermana mayor.
    Los Likovs ni siquiera supieron de la Segunda Guerra Mundial. Agafia, en cambio, al mundo moderno lo ha visto y no le gustó especialmente. "Aquí tengo mi forma de vida, no tengo necesidad de más, si no oraciones", confiesa casi burlándose de nuestra era.
    Se sorprende, por ejemplo, porque nos matamos por motivos de adoración. "La religion es solo una, incluso da miedo pensar que puede haber alguna otra", declara desde lo alto de su celo.
    Pero condimenta cada frase con una dulce sonrisa, que ilumina su rostro y su ojos claros.
    Su vara de medir es que todo pasa desde allí. Cristo y alrededores. Rusia la adora por lo que es, la 'babuska' nacional, la abuela-Siberia que aún resiste en el recinto forestal, que con los años se ha convertido en un parque nacional, ahora rodeada de ayudantes que le permiten vivir sus últimos días con más soltura. Pero siempre a su manera.
    "En teoría estaría prohibido vivir aquí, porque estamos en la zona protegida", explica Viktor Nepomniashi, jefe de la reserva natural. "Pero ella estuvo aquí mucho antes de ser creada la reserva y ella es un tesoro nacional", acota.
    Agafia es dura. El Covid la ha golpeado, incluso en medio de la nada. A Chakassia ha llegado el virus por culpa de un bloguero imprudente, que eludió las reglas para entrevistarla.
    Pero la golpeó y ni siquiera buscó tratamiento. Siempre por razones religiosas.
    "Espero poder vivir hasta los 80 años. Después querré ir al cielo: esa es mi próxima parada ", desliza cuando se le pregunta si hay algo que desee. Mientras tanto, sin embargo, está equipada para una estadía más confortable.Forma parte de las actividades caritativas de la fundación de Oleg Deripaska, el magnate multimillonario del aluminio.
    Ella, en un momento, preguntó de dónde venían estas ayudas repentinas. Cuando se lo explicaron, pensó que sería bueno tomar lápiz y papel y pedirle una casa nueva a Deripaska. " Y pronto se materializó", explicó Ruben Bunyatyan de la fundación Volnoe Delo.
    "Se necesitaron casi 40 viajes a lo largo del río, pero la construimos. Nosotros seguimos el proyecto diseñado por la propia Agafia. Eso es una dacha,como podría imaginarlo una niña.
    Con un techo puntiagudo y ventanas cuadradas en el centro de los laterales",amplió.
    Ahora bien, en este segmento de la taiga hay una especie de aldea. La integran la casa nueva, la antigua construida por Karp y donde nació Agafia, dos chozas hechas por los geólogos después del descubrimiento (una está en renovación), el refugio de las cabras y la tumba donde fue sepultado su padre.
    En un anacronismo, entre las manos de la "abuela-Siberia", hay un teléfono satelital, obsequio de la fundación. Un último modelo en reemplazo del antiguo. Ciertamente diabólico en este contexto. (ANSA).
   

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